 |
|
El cuadro, en la cámara acorazada
|
Esta es la
colosal historia de un retrato familiar, el que
Goya pintó de su nieto
«Marianito» hacia 1815, documentado desde el último tercio del siglo XIX en la
colección del duque de Alburquerque y que fue considerado una obra capital durante todo el XX... Hasta que una experta del
Museo del Prado,
Manuela Mena,
sembró dudas sobre su autoría, verbalmente, en 1993, y por escrito en un informe interno, en 1996.
Desde esa fecha, el cuadro vive encerrado en un altillo blindado de la cámara acorazada de un importante banco de Madrid, como se ve en las imágenes cedidas a ABC. Allí, más que como «Marianito», vive el encierro de un Segismundo,
el protagonista de «La vida es sueño», pues lo fue todo y ahora, si
pudiera, pensaría que aquella vida anterior fue tan solo una «ilusión,
una sombra, una ficción...
En los días felices, durante 18 años, el Prado lo mantuvo colgado en sus muros junto a las mejores obras de Goya, cedido en depósito permanente por el anterior duque, Beltrán Osorio, quien prefería verlo expuesto. Considerado el mejor ejemplo de retrato infantil del pintor de Fuendetodos, fue el director del museo, Alfonso Pérez Sánchez, quien solicitó en 1986 que fuera declarado inexportable expresamente y protegido como bien de interés cultural. Algo que se concedió.
Iba a ser comprado por el Prado
Más aún. El «Marianito» encabezaba la lista de compras del Prado en 1991, junto con la «Condesa de Chinchón» y otras obras del mismo porte. Era una prioridad para Pérez Sánchez y sus colaboradores, porque el museo acababa de recibir el legado Villaescusa, la herencia de un abogado que donó 7.000 millones de pesetas.
En
1993 el director del Museo del Prado era ya Felipe Garín, quien recuerda este episodio como «
el más difícil y delicado de
mi mandato, y eso que los tuve complicados». Cumpliendo la lista de
prioridades se había acordado la compra del «Marianito» y hubo una
oferta por escrito, de unos
800 millones de pesetas, aceptada por Beltrán Osorio. El cuadro fue
estudiado en el taller
sin que se encontrase nada contrario a la autoría de Goya. Fuentes del
Prado recuerdan que solo un restaurador, Enrique Quintana, aseguró una
vez que notaba pinceladas extrañas, pero su comentario nunca salió del
taller.
Justo antes de la reunión del Patronato que en 1993 iba a aprobar la operación, Manuela Mena -recién reincorporada de una baja maternal- comunicó a Garín sus dudas sobre la autoría. Un antiguo patrono recuerda que la discípula de Pérez Sánchez hablaba de una intensa intuición al respecto, en un tiempo en que estaba con Juliet Wilson preparando la muestra «Goya el capricho y la invención», que fue criticada como el inicio de una limpia de obras de Goya que su «ojo» experto consideraba dudosas. Garín debió quedarse lívido y convocó una reunión urgente
de su comité científico asesor, formado por Alfonso Pérez Sánchez, José
Manuel Pita Andrade (ambos exdirectores del museo y con buen «ojo»),
Jesús Urrea, Manuela Mena y él mismo.
Batalla verbal contra todos
Se cuenta que la reunión tuvo el tono de una batalla verbal en la que Mena defendió contra el criterio de todos su «intuición». La entonces jefa de investigación sembró las dudas de manera que la única opción ética del director iba a ser dar tiempo para investigarlo y abortar la operación con el Patronato convocado y el trato cerrado. Las consecuencias fueron difíciles de gestionar.
Inmediatamente se le encargó a Manuela Mena un trabajo científico
para defender por escrito su nuevo criterio. Se consultaron además los
problemas jurídicos creados. Y hubo que informar al dueño del cuadro, por supuesto, de la situación. Para Beltrán Osorio fue
un mazazo. El duque, tal vez el aristócrata más importante de su tiempo,
jefe de la Casa de Don Juan de Borbón,
estaba enfermo por entonces y el disgusto debió afectarle. Además,
contaba con el dinero de la venta y el cuadro se había pignorado como
Goya para una inversión. Beltrán Osorio
murió en febrero de 1994.
Antiguos patronos consultados por ABC recuerdan haber oído que algunos coleccionistas de fortuna se interesaron por el cuadro
al conocerse la noticia de que el Prado renunciaba a la compra, aunque
tal vez sus ofertas no se ajustaban al precio de un Goya indiscutible.
Citan los nombres de Juan Abelló y de Alicia Koplowitz, aunque advierten que es imposible de comprobar. El duque dejó el cuadro a sus cinco hijos, a los que ninguna oferta satisfizo.
Nunca hubo unanimidad
En mayo de 1994 dirige el Prado José María Luzón, que recuerda lo delicado del asunto: «Me encontré con una venta abortada
y tuve que resolver los problemas jurídicos, puesto que se había
consumado “como Goya”». A finales de 1994, y a falta del informe
solicitado a Mena, el Prado propuso confrontar las dudas con otras opiniones solventes.
Julián Gállego, Pita Andrade, Pérez Sánchez y Felipe Garín realizaron
informes. Luzón recuerda que el de Gállego era el más entusiasta
defensor de la autoría de Goya y también que el de Pérez Sánchez se
mostró, en aquella ocasión y por primera vez, ambiguo. Pero nunca hubo unanimidad, tal vez sí temor.
Mena redactó finalmente
un informe interno de 24 hojas en julio de
1996, que nunca se publicó y al que
ha tenido acceso ABC.
No hubo consecuencia científica en artículos o revistas de prestigio
internacional. La duda bastó para que «Marianito» bajase de las salas de
Goya a la mazmorra del banco. En 2003,
la Academia de San Fernando se interesó otra vez por el cuadro y debió de plantear la operación por unos
600.000 euros, pero la propiedad no consideraba su venta en ese momento.
Ioannes Osorio, el actual duque de Alburquerque, asegura a ABC que «estamos, como siempre, dispuestos a prestar el cuadro para
su exposición cada vez que nos sea solicitado, incluso si se plantease
un depósito lo hablaríamos». Sobre lo ocurrido en vida de su padre,
afirma que «no tenemos ningún problema con el Prado. No fue el Prado quien puso en duda el valor del cuadro, sino una persona del museo. No hay una carta oficial diciéndonos nada y no hemos leído ese informe, sencillamente no nos consta». Para la familia, «sigue siendo un cuadro muy especial y un objeto muy valioso».
Una de sus hermanas, Cristina Osorio, considera «muy raro lo que ocurrió: para mí es un Goya, pondría la mano en el fuego». Además, cree que es muy injusta la situación actual: «Si seriamente creen que no es de Goya, ¿por qué mantiene la protección de BIC y la prohibición de exportarlo? Deberían permitir una venta, por coherencia, llegado el caso. En una caja fuerte no hace nada, es una pena».
Epílogo
El pasado octubre hubo una novedad. En una reunión científica celebrada en Valencia, Jesusa Vega y Julián Vidal refutaron punto por punto el informe de Manuela Mena,
poniendo de manifiesto la singularidad y debilidad de algunas de sus
opiniones frente al resto. Quienes escucharon la ponencia y esperan su
publicación afirman que habrá un antes y un después. «La tesis de Mena fue desmontada científicamente con
una contundencia enorme», afirma un asistente al evento. Y añade que
«hay una pugna desde el Prado por ser la única voz autorizada para
autentificar Goyas, por eso Mena dudó de "El Coloso" y "La lechera de
Burdeos"».