¿Cuál fue la relación de las vanguardias con la Francia ocupada y la Europa en guerra? Por primera vez, una exposición, en el Guggenheim de Bilbao, se ocupa de este inexplorado periodo
«Mujer sentada en un sillón» (1941), de Pablo Picasso
Es posible que la Historia del Arte del siglo XX haya dejado cierta penumbra sobre la evolución de las vanguardias en la Francia ocupada. Mientras que la escenificación de los grandes enfrentamientos artísticos entre estas, el fascismo ascendente y el comunismo militante alcanzó su apogeo durante la Guerra Civil Española, el desarrollo de los acontecimientos posteriores ha sido mucho menos estudiado.
Posiblemente sea 1937 el momento cumbre de este duelo, y París, su principal escaparate internacional. El enfrentamiento –a uno y otro lado de la Torre Eiffel– de los dos grandes pabellones nacionales soviético y alemán en la Exposición Universal (en el que también se presentaba humildemente el español de la República), era la mejor escenificación de aquel contexto.
La supremacía racial
Mientras en la URSS se apostaba abiertamente por el realismo socialista, con el pabellón vagamente constructivista de Boris Iofan, rematado por la soberbia escultura «El trabajador y la campesina» de Vera Mukhina, Alemania apostaba por el clasicismo imperial de Speer, protegido por los colosos clasicistas de Arno Breker, y España se desgarraba implorando la ayuda internacional con la «Montserrat» de Julio González y el «Guernica de Picasso. Ese mismo año se presentaba en Múnich la exposición de «arte degenerado», en la que se condenaba a las vanguardias, a la vez que se inauguraba el Museo del Arte Alemán, que proclamaba el clasicismo como la forma general de la supremacía racial occidental.
Un acierto de la cita es la parte decicada a los que trabajaron n psiquiátricos y campos de exterminio
Las peripecias del surrealismo al servicio de la revolución; los compromisos y las divergencias en relación al partido comunista y las diversas excomuniones promulgadas por André Breton han sido objeto de una reiterada exégesis. Sin embargo, la evolución posterior de los discursos del arte bajo la ocupación alemana apenas había sido hasta ahora objeto de atención especializada. Mientras que en España durante la Guerra Civil se organizó un frente de artistas e intelectuales antifascistas que produjo un arte militante como el de Josep Renau o el de Alberto, en la Francia ocupada no hubo una resistencia artística organizada. Al no haber dos frentes, la situación fue diferente.
Por primera vez, esta muestra presta atención a algunos fenómenos curiosos de esta historia. Mientras que se ha estudiado bastante el arte oficial del nazismo, se sabía muy poco del de la Francia ocupada. Este se exhibió en 1942 en el Palais de Tokyo, donde, junto a escultores clasicistas como Charles Despiau o Paul Belmondo, aparecieron pintores vagamente vanguardistas como Raoul Dufy o Kees Van Dongen.
Sobrevivir o escapar
Presentar en este contexto de arte en guerra una reconstrucción de la exposición de los surrealistas de 1938, con la inquietante instalación de Duchamp de una oscura masa de pesados sacos de carbón, pendiendo amenazadoramente sobre la cabeza de los visitantes, adquiere tintes sombríos y resonancias políticas inusitadas para este autor. Pero lo cierto es que la mayor parte de los surrealistas se limitaron a escapar o a sobrevivir, cuando no fueron –como Hans Bellmer o Max Ernst– internados en campos de concentración. «Ha llegado un momento –escribía Breton en 1942– en el que el surrealismo no puede ni mucho menos suscribir cuanto se hace en su nombre». En aquel tercer manifiesto, Breton terminaba proclamando amargamente: «No vale la pena hablar. Menos aún que luchemos los unos con los otros. Todavía vale menos la pena morir. Y si prescindimos de la primavera, menos aún vale la pena vivir».
Picasso, encerrado en su estudio, vigilado por la Gestapo, apenas contaba con materiales para trabajar
Tal era también la amarga situación de Picasso, encerrado en su estudio de la calle des Grands Augustins, vigilado de cerca por la Gestapo y con apenas materiales para trabajar. En esta cita se reconstruye con algunos cuadros, esculturas y grandes fotos algo de la desolación de aquel espacio.
Tal vez uno de los mejores aciertos de la muestra sea la parte dedicada a los artistas que trabajaron en secreto en los psiquiátricos y campos de concentración. La obra de una autora poco conocida como Charlotte Salomon constituye una sorpresa. Y obras secretas, como el cuadernito de dibujos de Mickey Mouse de Horst Rosenthal, tal vez serían merecedoras de una edición para el conocimiento del público.
«El arte en guerra. Francia 1938-1947. De Picasso a Dubbufet» colectiva
Museo Guggenheim. Bilbao. Avenida de Abandoibarra, 2. Comisarias: Jacqueline Munck y L. Bertrand Dorléac. Patrocina: Fundación BBVA. Hasta el 8 de septiembre
Maurits Cornelis Escher fue uno de los
artistas más originales del sigo XX. Especialmente interesantes son sus
composiciones con perspectivas imposibles, que han sido homenajeadas en
múltiples ocasiones en televisión, cine o videojuegos, entre otros.
La obra de Maurits Cornelis Escher
está plagada de composiciones sorprendentes en las que todos los
elementos se fusionan y de perspectivas imposibles (aunque también
produjo otro tipo de litografías). Su influencia fue enorme y ha
repercutido en cientos de artistas. Pero también se pueden encontrar
muchísimos homenajes a Escher en la cultura popular. Desde el
celebérrimo gag del sillón de Los Simpson a los créditos de Donnie
Darko, pasando por uno de los puzles más conocidos de God of War, estos son algunos ejemplos de la aparición de los diseños del artista holandés (o inspirados en ellos) en diversos campos.
Escher en televisión
Es
imposible hablar de Escher en la cultura popular sin hablar de Matt
Groening. El creador de Los Simpson parece ser un gran admirador del
pintor y ya en sus comienzos hizo algún homenaje en su tira cómica, Life in hell. Sin embargo, donde realmente se ha podido ver esto es en la serie sobre la familia de Springfield.
Como cabría esperar, uno de los cuadros más famosos de Escher, Relativity, ha aparecido en la intro de este programa. Pero no fue la única vez que se homenajeó al artista en la serie, ni mucho menos. Ascending and Descending,
otra de sus litografías más conocidas también fue parodiada en varios
momentos, como el capítulo 18 de la segunda temporada, en el que Homer
se queda atascado en un tobogán acuático. Antes de montar en esta
atracción debe esperar una interminable cola. Tan interminable, que
juega con las leyes de la física. Más tarde volvió a aparecer esta
perspectiva imposible en un cuadro en uno de los especiales de Halloween
de Los Simpson.
Pero la admiración de Groening por Escher no se
limitó a su programa más conocido, sino que también se pudo ver en otra
de sus obras maestras, Futurama. En esta ocasión fueron Fry, Leela y
Bender los personajes que se encontraron con las escaleras de Relativity
cuando el primero busca piso en Nueva Nueva York. Eso sí, finalmente se
trasladó al armario del robot, pues no veía sentido en pagar por unas
dimensiones que no iba a utilizar.
Otro que se apuntó a este homenaje, aunque en este caso en forma de parodia, fue Seth MacFarlane. Peter Griffin
es el encargado de quejarse de que una cafetería es "más rara que ese
vídeo de rap de MC Escher", que sale caracterizado como MC Hammer.
No obstante, probablemente la mayor muestra de admiración televisiva haya sido el capítulo Castrovalva de Doctor Who.
Este episodio está dividido en cuatro partes que se emitieron por
primera vez a lo largo de las primeras semanas de 1982. A pesar de que
el cuadro es un simple paisaje en el que no hay trucos de perspectiva
(aunque sí se trata de una composición algo extraña), la adaptación
televisiva sí se en uno de los temas recurrentes del artista: la
repetición.
Escher en los videojuegos
El mundo del
videojuego le debe muchísimo a Escher y sus experimentos con la
gravedad. Muchas de las sagas más conocidas tienen algún puzle en el que
se experimenta con la gravedad o los laberintos que juegan con las
perspectivas. Hay ejemplos en los que el homenaje es evidente, como God of War III, y otros en los que éste es más sutil, como el Templo de los ancianos de Final Fantasy VII o los mundos con distinta gravedad de Super Mario Galaxy.
Sin embargo, si hay un título que, sin duda, habría entusiasmado al artista es Portal.
El juego de Valve parece haber salido de la mente de Escher y lo cierto
es que es una lástima no poder disfrutar de un nivel diseñado por él.
Afortunadamente, linkitch, un usuario de DeviantArt, se preguntó cómo
sería esta hipotética pantalla y podemos hacernos una idea.Por otro lado, una de las leyes no escritas de Internet es que si algo existe, está en Minecraft (que es similar a otra que sí está escrita). Y en este caso se cumple (en el otro, también). Además, la obra elegida es una de las más conocidas y difíciles de replicar: Waterfall.
En ella se puede ver una catarata en la que la corriente sube y baja al
mismo tiempo para formar un circuito cerrado imposible, lo mismo que
ocurre en esta recreación.
Pero Minecraft no es el único mundo
virtual en el que se pueden encontrar reproducciones en tres dimensiones
de pinturas de Escher. Second Life (sí, todavía existe) también tiene
esculturas de al menos dos de sus cuadros: el famoso autorretrato y Belvedere. Una lástima que sólo vaya a poder disfrutarlas Gaspar Llamazares.
Escher en el cine
Otro
campo en el que se puede comprobar que las aportaciones de Escher a la
cultura popular fueron enormes. Y otro campo en el que nos habría
gustado ver trabajar a Escher. Origen, por ejemplo, podría haber sido
todavía más desconcertante de haber intervenido en su dirección el
artista (al que, por otro lado, parece que le debe mucho). De hecho, si
hilamos más fino, hasta los motivos que adornan los pasillos del hotel
en el que se desarrolla la acción de El Resplandor
parecen haber sido diseñados por el holandés. Tal vez sea hilar
demasiado fino, pero es innegable que la repetición del patrón consigue
crear una sensación de agobio y, desde luego, podemos esperar cualquier
cosa de Stanley Kubrick.
Donde no hay ningún tipo de duda es en el homenaje que hace la película Dentro del laberinto con el número musical de David Bowie en unas escaleras claramente inspiradas en Relativity. Y si hablamos de escaleras tampoco podemos olvidar las de la saga Harry Potter.
En
cualquier caso, el único director que ha mostrado su admiración por
Escher sin tapujos (al menos, en una de sus películas) ha sido Richard
Kelly, autor de Donnie Darko, que incluyó a Maurits Cornelis en los agradecimientos de su cinta. Además, el protagonista tiene un póster del cuadro Eye en su cuarto.
Escher en la música y los cómics
Si
antes hablábamos de David Bowie, ahora toca hacer mención a su amigo
Mick Jagger. Según cuenta la leyenda (en realidad, una entrada en un
foro ya desaparecido,
así que esta historia debería tener el mismo nivel de veracidad que una
leyenda), el cantante de los Rolling Stones es un gran seguidor de
Escher y le pidió que realizase una de sus litografías para utilizarla
como portada de su segundo disco recopilatorio. Incluso se conformaba
con que les cediese una imagen no publicada. Sin embargo, el autor se
negó por no disponer de tiempo y, aparentemente, por haberse sentido
ofendido por la familiaridad con la que Jagger se dirigió a él (utilizó
su nombre de pila en lugar de su apellido, lo que habría sido más
formal).
Quienes sí lo consiguieron fueron, entre otros, Mott The Hopple, que incluyeron una versión coloreada de la ilustración Reptiles en su primer álbum. Y podría decirse que la portada de Umagumma, cuarto disco de Pink Floyd, también se inspira en el trabajo de Escher, al igual que la de Tommy, la ópera rock de The Who, cuyo diseño fue realizado por Mike McInnerney.
Lo mismo ocurre con el videoclip de Otherside, de Red Hot Chili Peppers, que parece situarse en un mundo onírico ideado por el holandés (con algo de ayuda de Picasso y Dalí).
En
cuanto al mundo del cómic, no podía faltar un homenaje de una de las
mentes más brillantes (y dementes) de la industria (con el permiso de
Alejandro Jodorowsky y Jean Giraud en su papel de Moebius), la de Alan
Moore, aunque no fue de forma directa. Moore creó la serie Promethea junto a Mick Gray y J. H. Williams III y éste último incluyó referencias a varios artistas en sus portadas y dedicó la número 15 a Escher. En esta entrega también hay referencias a elementos relacionados con el pintor, como la banda de Moebius.
El trazo español en el British Museum. Dibujos del Renacimiento a Goya” muestra, por primera vez fuera del Reino Unido, un conjunto de 71 obras procedente de la colección de dibujos de artistas españoles que atesora el museo británico y que está considerada como una de las más importantes del mundo por la calidad excepcional de sus obras. Esta colección es un reflejo del exquisito gusto que desarrollaron los coleccionistas ingleses por el arte español a lo largo del siglo XIX. Sólo unos pocos de estos dibujos han podido ser vistos en nuestro país, por lo que esta muestra supone una oportunidad única de ver reunido en las salas del Museo del Prado un sugerente recorrido por la historia del dibujo español. La exposición, patrocinada en el Prado por sus ‘Amigos’, tuvo su punto de partida en las salas del British Museum a finales del año pasado y llega a Madrid ahora con notables variaciones manteniendo un discurso cronológico y por escuelas regionales en el que destacan algunos de los principales artistas españoles como el renacentista Berruguete; los grandes maestros del Siglo de Oro como Zurbarán, Murillo, Cano, Ribera y un dibujo atribuido a Velázquez, para culminar con la obra de Goya, nombre destacado en el conjunto de las colecciones de arte español del museo londinense.
martes 19 de marzo de 2013
El Museo del Prado y el British Museum presentan, por primera vez en España, una amplia representación de la colección de dibujos españoles que posee la institución británica considerada como una de las mejores del mundo. 71 dibujos, expuestos de forma cronológica, invitarán al visitante a apreciar cómo plasmaron los artistas españoles su compromiso con el dibujo a lo largo de más de tres siglos, desde mediados del siglo XVI hasta el siglo XIX. ......
Esta es la colosal historia de un retrato familiar, el que Goya pintó de su nieto «Marianito» hacia 1815, documentado desde el último tercio del siglo XIX en la colección del duque de Alburquerque y que fue considerado una obra capital durante todo el XX... Hasta que una experta del Museo del Prado, Manuela Mena, sembró dudas sobre su autoría, verbalmente, en 1993, y por escrito en un informe interno, en 1996.
Desde esa fecha, el cuadro vive encerrado en un altillo blindado de la cámara acorazada de un importante banco de Madrid, como se ve en las imágenes cedidas a ABC. Allí, más que como «Marianito», vive el encierro de un Segismundo,
el protagonista de «La vida es sueño», pues lo fue todo y ahora, si
pudiera, pensaría que aquella vida anterior fue tan solo una «ilusión,
una sombra, una ficción...
El cuadro vive encerrado en la cámara acorazada de un importante banco de Madrid
En los días felices, durante 18 años, el Prado lo mantuvo colgadoen sus muros junto a las mejores obras de Goya, cedido en depósito permanente por el anterior duque, Beltrán Osorio, quien prefería verlo expuesto. Considerado el mejor ejemplo de retrato infantildel pintor de Fuendetodos, fue el director del museo, Alfonso Pérez Sánchez, quien solicitó en 1986 que fuera declarado inexportableexpresamente y protegido como bien de interés cultural. Algo que se concedió.
Iba a ser comprado por el Prado
Más aún. El «Marianito» encabezaba la lista de compras del Prado en 1991, junto con la «Condesa de Chinchón» y otras obras del mismo porte. Era una prioridad para Pérez Sánchez y sus colaboradores, porque el museo acababa de recibir el legado Villaescusa, la herencia de un abogado que donó 7.000 millones de pesetas.
Se acordó la compra del cuadro. Hubo una oferta del Prado de 800 millones de pesetas
En 1993 el director del Museo del Prado era ya Felipe Garín, quien recuerda este episodio como «el más difícil y delicado de
mi mandato, y eso que los tuve complicados». Cumpliendo la lista de
prioridades se había acordado la compra del «Marianito» y hubo una oferta por escrito, de unos 800 millones de pesetas, aceptada por Beltrán Osorio. El cuadro fue estudiado en el taller
sin que se encontrase nada contrario a la autoría de Goya. Fuentes del
Prado recuerdan que solo un restaurador, Enrique Quintana, aseguró una
vez que notaba pinceladas extrañas, pero su comentario nunca salió del
taller.
Justo antes de la reunión del Patronato que en 1993 iba a aprobar la operación, Manuela Mena -recién reincorporada de una baja maternal- comunicó a Garín sus dudas sobre la autoría. Un antiguo patrono recuerda que la discípula de Pérez Sánchez hablaba de una intensa intuición al respecto, en un tiempo en que estaba con Juliet Wilson preparando la muestra «Goya el capricho y la invención», que fue criticada como el inicio de una limpia de obras de Goya que su «ojo» experto consideraba dudosas. Garín debió quedarse lívido y convocó una reunión urgente
de su comité científico asesor, formado por Alfonso Pérez Sánchez, José
Manuel Pita Andrade (ambos exdirectores del museo y con buen «ojo»),
Jesús Urrea, Manuela Mena y él mismo.
Batalla verbal contra todos
Se cuenta que la reunión tuvo el tono de una batalla verbal en la que Mena defendió contra el criterio de todos su «intuición». La entonces jefa de investigación sembró las dudas de manera que la única opción ética del director iba a ser dar tiempo para investigarlo y abortar la operación con el Patronato convocado y el trato cerrado. Las consecuencias fueron difíciles de gestionar.
Para su dueño, Beltrán Osorio, fue un mazazo. Enfermo, murió en febrero de 1994
Inmediatamente se le encargó a Manuela Mena un trabajo científico
para defender por escrito su nuevo criterio. Se consultaron además los problemas jurídicos creados. Y hubo que informar al dueño del cuadro, por supuesto, de la situación. Para Beltrán Osorio fue un mazazo. El duque, tal vez el aristócrata más importante de su tiempo, jefe de la Casa de Don Juan de Borbón,
estaba enfermo por entonces y el disgusto debió afectarle. Además,
contaba con el dinero de la venta y el cuadro se había pignorado como
Goya para una inversión. Beltrán Osorio murió en febrero de 1994.
Antiguos patronos consultados por ABC recuerdan haber oído que algunos coleccionistas de fortuna se interesaron por el cuadro
al conocerse la noticia de que el Prado renunciaba a la compra, aunque
tal vez sus ofertas no se ajustaban al precio de un Goya indiscutible.
Citan los nombres de Juan Abelló y de Alicia Koplowitz, aunque advierten que es imposible de comprobar. El duque dejó el cuadro a sus cinco hijos, a los que ninguna oferta satisfizo.
Nunca hubo unanimidad
En mayo de 1994 dirige el Prado José María Luzón, que recuerda lo delicado del asunto: «Me encontré con una venta abortada
y tuve que resolver los problemas jurídicos, puesto que se había
consumado “como Goya”». A finales de 1994, y a falta del informe
solicitado a Mena, el Prado propuso confrontar las dudas con otras opiniones solventes.
Julián Gállego, Pita Andrade, Pérez Sánchez y Felipe Garín realizaron
informes. Luzón recuerda que el de Gállego era el más entusiasta
defensor de la autoría de Goya y también que el de Pérez Sánchez se
mostró, en aquella ocasión y por primera vez, ambiguo. Pero nunca hubo unanimidad, tal vez sí temor.
En 1996 Mena publica su informe. No tuvo consecuencia científica internacional
Mena redactó finalmente un informe interno de 24 hojas en julio de 1996, que nunca se publicó y al que ha tenido acceso ABC.
No hubo consecuencia científica en artículos o revistas de prestigio
internacional. La duda bastó para que «Marianito» bajase de las salas de
Goya a la mazmorra del banco. En 2003, la Academia de San Fernando se interesó otra vez por el cuadro y debió de plantear la operación por unos 600.000 euros, pero la propiedad no consideraba su venta en ese momento.
Ioannes Osorio, el actual duque de Alburquerque, asegura a ABC que «estamos, como siempre, dispuestos a prestar el cuadro para
su exposición cada vez que nos sea solicitado, incluso si se plantease
un depósito lo hablaríamos». Sobre lo ocurrido en vida de su padre,
afirma que «no tenemos ningún problema con el Prado. No fue el Prado quien puso en duda el valor del cuadro, sino una persona del museo. No hay una carta oficial diciéndonos nada y no hemos leído ese informe, sencillamente no nos consta». Para la familia, «sigue siendo un cuadro muy especial y un objeto muy valioso».
Una de sus hermanas, Cristina Osorio, considera «muy raro lo que ocurrió: para mí es un Goya, pondría la mano en el fuego». Además, cree que es muy injusta la situación actual: «Si seriamente creen que no es de Goya, ¿por qué mantiene la protección de BIC y la prohibición de exportarlo? Deberían permitir una venta, por coherencia, llegado el caso. En una caja fuerte no hace nada, es una pena».
Epílogo
El pasado octubre hubo una novedad. En una reunión científica celebrada en Valencia, Jesusa Vega y Julián Vidal refutaron punto por punto el informe de Manuela Mena,
poniendo de manifiesto la singularidad y debilidad de algunas de sus
opiniones frente al resto. Quienes escucharon la ponencia y esperan su
publicación afirman que habrá un antes y un después. «La tesis de Mena fue desmontada científicamente con
una contundencia enorme», afirma un asistente al evento. Y añade que
«hay una pugna desde el Prado por ser la única voz autorizada para
autentificar Goyas, por eso Mena dudó de "El Coloso" y "La lechera de
Burdeos"».